Albert Boadella
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1971 Teatro

Cruel Ubris

Cruel Ubris

Con El Joc dimos un paso decisivo: abandonamos definitivamente la pureza del mimo para adentrarnos en algo más difícil de etiquetar. El espectáculo se estrenó el 3 de enero de 1970 en el Aula de Teatre de l'Acadèmia de Belles Arts de Sabadell, y poco después llegó al Teatre Capsa de Barcelona. La estructura seguía siendo la de una serie de piezas breves — los jocs, los sketches —, pero el lenguaje escénico empezaba a abrirse, a incorporar nuevas texturas, nuevas insolencias. El cuerpo seguía siendo el instrumento principal, pero ya no estaba solo. No me pidan que lo explique demasiado. No se trata de un teatro literario ni de ideas, y cualquier aclaración no haría otra cosa que coartar previamente la libertad del espectador. Nosotros mismos no somos los más capacitados para explicarlo — y eso, lejos de ser una evasiva, es una declaración de principios. El cortísimo texto en catalán que atraviesa la obra está deliberadamente desprovisto de sentido lógico: solo existe en función de la expresión y el sonido, como un instrumento musical más. Nos gustaría que cada espectador se encontrara suficientemente libre para sentir lo que más le plazca, y estamos convencidos de que lo que sienta, aunque en cada caso sea una versión diferente, no dejará de ser cierto. Ubris — fatalidad del destino en el teatro griego — es un espectáculo en dos actos de mimo y pantomima con incorporación de juegos de voz y canto. Diez números, cada uno interpretado en un estilo distinto: pantomima melodramática, trágica, naturalista, absurda, parodia, pantomima clásica... Un recorrido que demuestra que el silencio tiene más registros de los que cualquier dramaturgo podría escribir. Ese año el mundo nos empezó a abrir puertas. San Sebastián nos recibió en el Festival Zero de Teatro Independiente, donde comprobamos que había una red de compañías que, como nosotros, buscaban un teatro que no se pareciera al teatro oficial. En junio cruzamos la frontera: gira por Alemania invitados por la televisión de Fráncfort, y actuación en el Festival de Mimo de Zúrich. Europa nos miraba con curiosidad. Nosotros la mirábamos a ella con hambre. El Joc fue, en ese sentido, mucho más que un espectáculo: fue la primera señal de que Els Joglars podían existir más allá de Cataluña, más allá de España, en un territorio más amplio donde el lenguaje del cuerpo no necesita traducción.

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